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El agua es un don sagrado que sostiene la vida. En ella reconocemos un signo de la generosidad de Dios: calma la sed, fecunda la tierra y, en el Bautismo, se convierte en símbolo de su gracia renovadora. Cuidar el agua es también una forma de custodiar la vida y de reconocer que este recurso pertenece a todos, sin distinción.
El Papa León, en su intención de oración para septiembre, nos invita a rezar por el cuidado del agua, para que aprendamos a valorarla con gratitud, justicia y sobriedad, y para que sepamos defender el derecho de cada hermano y hermana a beber sin desigualdad