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MONS. JOSÉ ADOLFO LARREGAIN

Homilía Solemne Vigilia Pascual 2026

Queridos hermanos:

Esta es la noche más santa de todas. La noche en la que la Iglesia vela, escucha, recuerda… y finalmente proclama con gozo: ¡Cristo ha resucitado! No es un simple recuerdo, sino una realidad viva que transforma nuestra existencia hoy.

La Palabra de Dios nos ha hecho recorrer la historia de la salvación.

En el libro del Génesis (cf. Gen 1,1–2,2), contemplamos la obra creadora de Dios. Todo nace de su amor, todo es bueno. Pero también sabemos que el pecado desfiguró esa armonía. Sin embargo, esta noche nos revela que Dios no abandona nunca su proyecto: Él siempre recrea, siempre vuelve a empezar con nosotros.

En el Éxodo (cf. Ex 14,15–15,1), hemos visto a un Dios que libera. El paso del mar es figura de nuestra Pascua: Dios abre caminos donde parece no haberlos. También hoy, en nuestras esclavitudes, personales y sociales, el Señor sigue actuando para liberarnos.

El profeta Ezequiel (cf. Ez 36,17a.18-28) nos ha regalado una promesa profundamente esperanzadora: “Les daré un corazón nuevo”. Dios no solo actúa afuera, sino que quiere transformarnos por dentro. Nos regala su Espíritu para hacernos hombres y mujeres nuevos.

San Pablo (cf. Rom 4,3-11) nos recuerda que esta vida nueva se acoge en la fe. Como Abraham, estamos llamados a confiar en Dios, aun cuando todo parece oscuro.

En el Evangelio (cf. Mt 28,1-10) las mujeres van al sepulcro con temor, con dolor, con incertidumbre… y se encuentran con algo absolutamente inesperado: la tumba está vacía. El ángel les dice: “No está aquí, ha resucitado”. Y luego, el mismo Jesús sale a su encuentro y les dice: “Alégrense”.

Hermanos, este es el corazón de nuestra fe: Cristo ha vencido la muerte. La Pascua no elimina de golpe todos nuestros problemas, pero cambia radicalmente su sentido. Ya no caminamos hacia la muerte, sino hacia la vida.

Es muy significativo que las primeras testigos sean mujeres. Ellas, que fueron fieles en el dolor, son ahora enviadas a anunciar la alegría. Así es Dios: confía su mensaje a quienes tienen el corazón abierto.

Como nos recuerda el Papa Francisco, la Pascua es una fuerza que nos impulsa a salir de nuestras tumbas: del miedo, de la tristeza, del encierro. Y el Santo Padre León XIV nos llama a ser testigos de la luz en medio de un mundo herido, llevando esperanza concreta.

Esta noche no es solo para contemplar, sino para decidir. En la renovación de las promesas bautismales, volveremos a decir “sí” a Dios. Es una invitación a vivir como resucitados.

Les propongo tres actitudes sencillas para esta Pascua: salir: como las mujeres del Evangelio, no quedarnos en el sepulcro; anunciar: compartir la alegría de la fe, especialmente con los que han perdido la esperanza; por último a confiar: creer que Cristo ya está actuando en nuestra vida, incluso cuando no lo vemos.

Queridos hermanos, la tumba está vacía… pero nuestro corazón debe estar lleno: lleno de fe, de esperanza, de caridad. Que María, que supo esperar en la noche, nos enseñe a reconocer la luz del Resucitado. Y que esta Vigilia nos renueve profundamente, para que podamos proclamar con verdad: ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! Amén.

 

† Mons. José Adolfo Larregain ofm

 

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