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El Evangelio que acabamos de escuchar nos presenta a Jesús enviando a sus discípulos a anunciar que el Reino de los Cielos está cerca. Los envía con lo esencial: la Palabra, la confianza en Dios y la paz para compartir. No les pide que acumulen riquezas ni seguridades, sino que se abandonen a la providencia del Padre.
Esta página evangélica encuentra un hermoso reflejo en la vida de San Antonio de Padua, a quien hoy veneramos. Nacido en Portugal y formado inicialmente entre los canónigos regulares, Antonio sintió el llamado a una entrega más radical al conocer el testimonio de los primeros mártires franciscanos. Dejó atrás proyectos personales, prestigio y seguridades para seguir a Cristo pobre y crucificado, al estilo de San Francisco de Asís.
Antonio comprendió que el anuncio del Evangelio no consiste solamente en transmitir conocimientos religiosos, sino en comunicar una experiencia viva de encuentro con Jesucristo. Por eso su predicación llegaba al corazón de las personas. Conocía profundamente las Escrituras, pero también conocía las alegrías y sufrimientos de la gente sencilla. Su palabra era firme en la verdad y, al mismo tiempo, llena de compasión.
Su testimonio resulta particularmente actual. Vivimos en una sociedad donde abundan los medios de comunicación, pero muchas veces escasea la verdadera comunicación; donde circula mucha información, pero no siempre sabiduría; donde se multiplican las voces, pero cuesta escuchar la voz de Dios. San Antonio nos recuerda que el primer desafío de los cristianos es volver al Evangelio, escuchar la Palabra y dejar que transforme nuestra vida.
Otro desafío de nuestro tiempo es la indiferencia frente a los pobres y descartados. Antonio fue un defensor de los humildes y denunció las injusticias que sufrían los más vulnerables. También hoy la Iglesia está llamada a ser voz de quienes no tienen voz, promoviendo una cultura de la fraternidad y de la solidaridad, como tantas veces nos enseñó el Papa Francisco y continúa alentando el Papa León XIV.
Además, en una época marcada por la incertidumbre, el individualismo y la búsqueda ansiosa de seguridades, San Antonio nos invita a confiar más en la providencia de Dios. La verdadera riqueza del discípulo no está en lo que posee, sino en la presencia de Cristo que lleva en su corazón.
Finalmente, Jesús dice: “Al entrar en una casa, deséenle la paz”. ¡Cuánta necesidad tenemos hoy de paz! Paz en el mundo, paz en nuestras comunidades, paz en las familias y paz en el corazón. San Antonio fue un hombre de reconciliación. Que su intercesión nos ayude a ser constructores de puentes, sembradores de esperanza y testigos alegres del Evangelio.
Que este gran santo franciscano nos enseñe a amar la Palabra de Dios, a servir a los pobres y a anunciar con nuestra vida que el Reino de los Cielos está cerca.
San Antonio de Padua, ruega por nosotros. Amén.
NOTA: A la derecha de la página, en Archivo, el texto como Homilia 11 de junio 2026 en Berón de Astrada, en formato PDF