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Las Jornadas de Reflexión Teológica-Pastoral profundizaron el desafío de la sinodalidad con espíritu de comunión, participación y misión para la Iglesia de hoy.
Con la participación de sacerdotes, agentes pastorales, religiosos y laicos, se desarrollaron las Jornadas de Reflexión Teológica-Pastoral, un espacio de encuentro y formación dedicado a profundizar uno de los temas centrales de la vida de la Iglesia actual: la sinodalidad.
En la apertura, el Arzobispo destacó que estas jornadas buscan responder a “uno de los desafíos más significativos que el Espíritu Santo plantea a la Iglesia de nuestro tiempo: el camino de la sinodalidad”, promoviendo la escucha, el discernimiento y la participación de todo el Pueblo de Dios.
Las exposiciones estuvieron a cargo del Pbro. Lic. Matías Taricco, sacerdote de la Arquidiócesis de Mendoza y actual Subsecretario de la Conferencia Episcopal Argentina, quien acompañó la reflexión sobre diversos aspectos del camino sinodal que atraviesa la Iglesia en Argentina y en el mundo.
Uno de los momentos centrales estuvo dedicado al tema “Caminar hacia una nueva eclesiología y un estilo de vida sinodal”. En ese punto, monseñor José Adolfo Larregain subrayó que este proceso “no significa fundar una Iglesia distinta ni abandonar la doctrina recibida, sino profundizar la comprensión de la Iglesia a la luz del Evangelio, del Concilio Vaticano II y del camino impulsado por el Papa Francisco y continuado por el Papa León XIV”.
La reflexión del Pastor retomó la enseñanza del Concilio Vaticano II, que presenta a la Iglesia como “Pueblo de Dios en camino”, destacando la igual dignidad de todos los bautizados y la riqueza de los diversos ministerios y carismas. En este sentido, se propuso avanzar hacia una Iglesia más centrada en la comunión, con una pastoral decididamente misionera y abierta a la escucha.
Asimismo, el Arozbispo remarcó que la sinodalidad “no elimina la autoridad de los pastores, sino que la sitúa en la lógica evangélica del servicio”, recordando las palabras de Jesús: “El que quiera ser el primero entre ustedes, que sea el servidor de todos” (Mc 10,44).
Otro de los ejes desarrollados en su mensaje de apertura por monseñor Larregain fue la comprensión de la sinodalidad como un auténtico estilo de vida eclesial. Se afirmó que “la sinodalidad no es solamente un método de reuniones ni una estructura de gobierno. Es un modo de ser Iglesia”, sostenido en tres actitudes fundamentales: escuchar, discernir y caminar juntos.
Habló también en relación con la escucha, destacó la importancia de prestar atención a la voz del Espíritu Santo, a la Palabra de Dios y a las experiencias de los distintos miembros de la comunidad, especialmente los jóvenes, las familias, los pobres y quienes viven en las periferias. Recordó una expresión frecuente del Papa Francisco: “una Iglesia sin escucha corre el riesgo de hablar mucho y comprender poco”.
El discernimiento, fue presentado por Monseñor como una búsqueda comunitaria de la voluntad de Dios para el tiempo presente, más allá de criterios meramente organizativos o democráticos. Esta tarea exige oración, diálogo, humildad y apertura al Espíritu, puntualizó.
Su reflexión concluyó destacando que la palabra sínodo significa “camino compartido”, una invitación a fortalecer la corresponsabilidad, la participación y la colaboración entre todos los miembros de la Iglesia.
También insistió en la necesidad de una conversión de las relaciones eclesiales, pasando “del poder al servicio, de la competencia a la colaboración, de la sospecha a la confianza y del aislamiento a la comunión”. En este contexto se evocó el ejemplo de San Francisco de Asís, para quien la fraternidad nace del reconocimiento del otro como hermano y don de Dios.
Finalmente, monseñor Larregain señaló algunas consecuencias pastorales concretas de este estilo de Iglesia: el fortalecimiento de los consejos pastorales, la promoción de los ministerios laicales, una mayor participación de mujeres y jóvenes y la construcción de espacios de escucha y discernimiento comunitario.
Las jornadas concluyeron con una mirada esperanzada hacia el futuro. En un mundo marcado por divisiones y conflictos, se recordó que una Iglesia sinodal está llamada a ser “signo profético de fraternidad”. En este horizonte resonó nuevamente la afirmación del Papa Francisco, quien definió la sinodalidad como “el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”.
De este modo, los participantes fueron invitados a renovar su compromiso con una Iglesia que escucha, discierne y camina unida, fiel al Evangelio y abierta a la acción del Espíritu Santo.
Palabras del Arzobispo
Compartimos algunas citas del mensaje de apertura de estas Jornadas de reflexión teológico pastorales de monseñor Larregain (el texto completo, a la derecha de la página, en Archivos):
"Uno de los desafíos más significativos que el Espíritu Santo plantea a la Iglesia de nuestro tiempo: el camino de la sinodalidad."
"Caminar hacia una nueva eclesiología y un estilo de vida sinodal no significa fundar una Iglesia distinta ni abandonar la doctrina recibida."
"La sinodalidad no es solamente una metodología, sino una verdadera forma de ser Iglesia y de vivir la vocación cristiana."
"El Concilio Vaticano II presentó a la Iglesia ante todo como Pueblo de Dios en camino."
"La sinodalidad no elimina la autoridad de los pastores, sino que la sitúa en la lógica evangélica del servicio."
"El que quiera ser el primero entre ustedes, que sea el servidor de todos" (Mc 10,44).
"La sinodalidad no es solamente un método de reuniones ni una estructura de gobierno. Es un modo de ser Iglesia."
"Escuchar al Espíritu Santo, escuchar la Palabra de Dios y escucharse mutuamente."
"La palabra 'sínodo' significa precisamente 'camino compartido'."
"Una Iglesia sinodal exige una verdadera conversión de las relaciones."
"En una diócesis o parroquia, la sinodalidad se expresa cuando los consejos pastorales y económicos funcionan realmente."
"En un mundo marcado por la polarización y los conflictos, una Iglesia sinodal está llamada a ser signo profético de fraternidad."
"La sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio."