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Queridos hermanos y hermanas: la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre el valor de una fe que se traduce en opciones concretas, en gestos cotidianos y en una vida que pone a Dios en el centro. Providencialmente, esta celebración coincide con la tradicional procesión en honor de San Juan Bautista, Patrono Jurado de nuestra querida ciudad de Corrientes, cuya figura ilumina de manera especial el mensaje de las lecturas que hemos escuchado.
En el Evangelio, Jesús pronuncia palabras exigentes: «El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí» (Mt 10,38). No se trata de una invitación al sufrimiento por sí mismo, sino de la llamada a vivir con coherencia, a elegir cada día aquello que conduce al Reino de Dios, aun cuando implique sacrificios, renuncias o incomprensiones. Seguir a Cristo significa dejar que Él ocupe el primer lugar en nuestras decisiones, en nuestras relaciones familiares, en el trabajo, en la vida social y comunitaria.
La primera lectura nos presenta a una mujer de Sunám, que reconoce en el profeta Eliseo a un hombre de Dios y le abre las puertas de su casa. Su hospitalidad sencilla y generosa se convierte en camino de bendición. El Evangelio retoma esta misma enseñanza cuando Jesús afirma que quien recibe a un profeta, a un justo o incluso ofrece un vaso de agua a uno de los pequeños, no quedará sin recompensa. Dios valora los gestos humildes que nacen del amor. Muchas veces pensamos que la santidad consiste en acciones extraordinarias; sin embargo, comienza en la amabilidad cotidiana, en la escucha paciente, en la ayuda silenciosa, en la solidaridad con quien atraviesa dificultades.
San Juan Bautista encarnó de manera admirable esta actitud. Toda su existencia estuvo orientada a preparar el camino del Señor. No buscó protagonismo para sí mismo; por el contrario, supo decir: «Es necesario que Él crezca y que yo disminuya». En una cultura que con frecuencia impulsa la búsqueda de reconocimiento personal, Juan nos recuerda la belleza de vivir para una misión más grande que nosotros mismos. Su testimonio nos invita a preguntarnos qué lugar ocupa Cristo en nuestra vida y qué espacio le damos en medio de nuestras preocupaciones diarias.
Como Patrono Jurado de Corrientes, San Juan Bautista forma parte de nuestra identidad histórica y espiritual. Su figura nos recuerda que una ciudad no se construye solamente con obras materiales, sino también con valores, con vínculos de fraternidad, con respeto por la dignidad de cada persona y con una profunda apertura a Dios. Nuestra devoción a San Juan será auténtica si nos impulsa a vivir con mayor honestidad, responsabilidad y compromiso con el bien común.
La segunda lectura, tomada de la carta a los Romanos, nos recuerda que por el Bautismo hemos sido incorporados a la muerte y resurrección de Cristo. No somos discípulos solamente de nombre; estamos llamados a vivir una vida nueva. Cada jornada ofrece oportunidades para renunciar al egoísmo, vencer la indiferencia y sembrar esperanza allí donde hay desaliento.
Que San Juan Bautista interceda por nuestra ciudad y por cada una de nuestras familias. Que nos enseñe a señalar siempre a Cristo, a vivir con coherencia el Evangelio y a ser, en medio de nuestro tiempo, testigos humildes y valientes de la esperanza que nace de Dios. Amén.
† Mons. José Adolfo Larregain ofm