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MONS. JOSÉ ADOLFO LARREGAIN

Solemnidad de San Pedro y San Pablo Fiesta Patronal de Chavarría

Queridos hermanos y hermanas:

Con profunda alegría celebramos hoy la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia, testigos valientes del Evangelio y patronos de esta querida comunidad de Chavarría. Al contemplar sus vidas, descubrimos que la Iglesia nace y crece gracias a hombres y mujeres que, aun con sus fragilidades, se dejan transformar por la gracia de Dios y ponen toda su existencia al servicio de Cristo.

La Palabra de Dios nos presenta dos testimonios conmovedores. En los Hechos de los Apóstoles, Pedro aparece encarcelado, vigilado y aparentemente sin salida. Sin embargo, la comunidad oraba insistentemente por él. Mientras el poder de este mundo pretendía silenciar la voz del Evangelio, Dios abrió las puertas de la prisión y condujo a Pedro hacia la libertad. Este relato nos recuerda que la Iglesia no se sostiene por sus propias fuerzas ni por estrategias humanas; se sostiene por la oración, por la confianza en Dios y por la certeza de que el Señor nunca abandona a su pueblo.

También nosotros vivimos tiempos que muchas veces parecen encerrar la esperanza detrás de gruesos muros: la pobreza que golpea a tantas familias, la incertidumbre económica, la violencia, las adicciones, la indiferencia religiosa y el debilitamiento de los vínculos comunitarios. Sin embargo, la experiencia de Pedro nos enseña que Dios sigue actuando en la historia. Allí donde los hombres ven callejones sin salida, el Señor sigue abriendo caminos de vida nueva.

Por su parte, san Pablo, escribiendo a Timoteo, contempla el final de su misión con la serenidad de quien ha entregado todo por Cristo: “He peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe”. No habla desde el orgullo, sino desde la gratitud. Su vida fue una respuesta generosa al amor de Dios. Pablo comprendió que la verdadera victoria no consiste en acumular éxitos humanos, sino en permanecer fiel al Evangelio.

Pedro y Pablo fueron muy distintos entre sí. Uno era pescador; el otro, un intelectual formado en las tradiciones de Israel. Uno conoció la debilidad de negar al Maestro; el otro persiguió a la Iglesia antes de convertirse. Sin embargo, ambos fueron alcanzados por la misericordia de Cristo. Ambos comprendieron que el centro de la fe no es una idea ni una doctrina abstracta, sino una Persona viva.

Por eso el Evangelio de hoy ocupa un lugar central. Jesús pregunta a sus discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Esta pregunta atraviesa los siglos y llega hasta nosotros. No basta repetir respuestas aprendidas. Cada generación, comunidad y creyente responde personalmente.

Pedro responde: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Sobre esa confesión de fe el Señor edifica su Iglesia. No sobre la perfección humana, sino sobre la fe en Cristo. La Iglesia permanece firme cuando vuelve constantemente a esa verdad fundamental.

En esta fiesta patronal, Chavarría está llamada a renovar su profesión de fe. Como Pedro, estamos llamados a confiar. Como Pablo, estamos llamados a perseverar. Como la primera comunidad cristiana, estamos llamados a orar unos por otros y a caminar unidos.

Que san Pedro nos alcance la firmeza de la fe. Que san Pablo nos obtenga el ardor misionero. Y que, siguiendo el ejemplo de ambos apóstoles, podamos ser una Iglesia cercana, humilde, fraterna y evangelizadora, capaz de anunciar a Jesucristo en cada hogar, en cada familia y en cada rincón de esta bendita tierra correntina.

Que ellos intercedan por nuestro pueblo y que el Señor nos conceda la gracia de permanecer siempre firmes en la fe, alegres en la esperanza y generosos en la caridad. Amén.

† Mons. José Adolfo Larregain ofm