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90 años de la Capilla de Colonia Progreso – Bella Vista

Queridos hermanos y hermanas:

La solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo reviste hoy para esta comunidad de Colonia Progreso un significado especial. Mientras la Iglesia universal honra a estos dos grandes pilares de la fe cristiana, nosotros damos gracias a Dios por los noventa años de vida de esta querida capilla, signo visible de la presencia del Señor en medio de su pueblo y testigo de generaciones que han vivido, celebrado y transmitido la fe.

Noventa años representan mucho más que una fecha o una efeméride. Son la memoria agradecida de hombres y mujeres que, con sacrificio, esperanza y espíritu de comunión, levantaron este templo y construyeron, al mismo tiempo, una comunidad creyente. Son noventa años de vida expresados en bautismos, matrimonios, celebraciones eucarísticas, oraciones compartidas, despedidas de seres queridos y encuentros con el Señor en los momentos más importantes de la existencia humana.

La primera lectura nos presenta a Pedro encarcelado, mientras la comunidad oraba incesantemente por él. La Iglesia naciente comprendió que su verdadera fortaleza no provenía del poder humano sino de la confianza en Dios. También esta capilla ha sido sostenida durante nueve décadas por la oración perseverante de tantas familias. Cuántas veces, entre las dificultades propias de cada época, la fe sencilla de nuestro pueblo mantuvo encendida la llama de la esperanza. Cuántas generaciones encontraron aquí consuelo en el dolor, fortaleza en la prueba y alegría en los momentos de gracia.

La historia de esta comunidad nos recuerda que la Iglesia no es principalmente un edificio, por más valioso y querido que sea. La Iglesia es el pueblo de Dios que peregrina en la historia. Las paredes de esta capilla guardan una memoria sagrada porque han sido testigos de una fe vivida y compartida. Son noventa años de Evangelio encarnado en lo cotidiana de familias trabajadoras que aprendieron a reconocer la presencia de Dios en el esfuerzo diario, en la solidaridad vecinal y en el amor a la propia tierra.

La segunda lectura nos acerca al testimonio de san Pablo, quien al final de su vida puede afirmar: “He peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe”. Estas palabras resuenan hoy como una invitación para esta comunidad. Celebrar un aniversario no significa mirar solamente hacia atrás con nostalgia, es sobre todo renovar el compromiso para el futuro. Cada generación está llamada a custodiar el tesoro de la fe y a transmitirlo a quienes vendrán después.

En el Evangelio escuchamos la pregunta decisiva de Jesús: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Es la misma pregunta que ha acompañado estos noventa años de historia. Cada bautizado, familia y generación ha debido responder con su propia vida. La respuesta de Pedro —“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”— sigue siendo el fundamento sobre el cual se edifica toda comunidad cristiana.

Hoy damos gracias por quienes nos precedieron en la fe: sacerdotes, religiosas, catequistas, benefactores y tantos fieles que ofrecieron su tiempo, sus talentos y su trabajo para sostener esta comunidad. Su legado constituye una herencia espiritual que debemos cuidar y acrecentar. Que esta celebración jubilar no sea solamente un recuerdo agradecido del pasado, sino también un impulso renovado para el presente y el futuro; que esta capilla continúe siendo casa de oración, escuela de fraternidad y lugar de encuentro con Jesucristo para las nuevas generaciones.

Por intercesión de los santos Pedro y Pablo, pidamos al Señor que bendiga a las familias de Colonia Progreso, fortalezca la fe de sus jóvenes, sostenga a sus mayores y haga de esta comunidad un signo vivo del Reino de Dios. Y que dentro de muchos años, quienes nos sucedan puedan decir también de nosotros que supimos conservar la fe, transmitirla con alegría y servir generosamente a la Iglesia y a nuestro pueblo. Amén.

† Mons. José Adolfo Larregain ofm