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EN LA PARROQUIA SAN JUAN BAUTISTA

Jorge José Barrientos será ordenado sacerdote para la Iglesia en Corrientes

La ceremonia será presidida por el Arzobispo el 10 de julio, a las 16. El lema elegido para este día tan especial es: "El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar."

La Arquidiócesis de Corrientes vivirá un acontecimiento de gracia el viernes 10 de julio. El diácono Jorge José Barrientos será ordenado presbítero por la imposición de manos del arzobispo, monseñor José Adolfo Larregain, y la oración de toda la Iglesia. La ceremonia se desarrollará durante la Santa Misa que se celebrará a las 16, en la parroquia San Juan Bautista.

Jorge José tiene 46 años. Es hijo de Gregorio Francisco y Cirila Ojeda, y creció junto a sus hermanas, María Elizabeth y Cecilia, en el barrio 17 de Agosto de la ciudad de Corrientes, donde su familia echó raíces y compartió los valores que marcaron su camino. También forman parte de su querida familia su cuñado, Víctor, y su sobrina Luz, con quienes mantiene un vínculo cercano.

Realizó sus estudios primarios en la Escuela N.º 369 y cursó la educación secundaria en el Colegio Industrial "Bernardino Rivadavia". Más tarde, impulsado por su interés por el pensamiento y la enseñanza, inició el Profesorado de Filosofía y avanzó también en el Profesorado de Geografía, carrera en la que le restan tres materias para obtener el título.

El diácono José estuvo en Radio San Cayetano para charlar sobre su vida y su vocación. Hoy llega a este momento tan especial de su vida tras haber trabajado en oficios manuales y estudiado diversas disciplinas. Es profesor de Filosofía. Habló de la importancia del discernimiento personal, el apoyo familiar y la visión del sacerdocio como un servicio humilde basado en la cercanía con la gente.

El proceso de discernimiento de José Barrientos fue un camino marcado por el trabajo cotidiano, la reflexión personal y la superación de sus propias resistencias. "Uno siente algo en el corazón y ese algo tiene que ponerle palabra... ese algo que uno siente es Jesús y el corazón de uno se mueve", dijo, aunque "pensaba que el llamado para el sacerdocio era algo... muy grande y que yo no me veía". Ingresó originalmente al seminario en los años 2006 y 2007, pero decidió salir tras discernir que, en aquel momento, quizás el sacerdocio no era para él. A diferencia de otras experiencias, su salida no fue frustrante; se retiró "feliz y contento" tras haber tenido formadores que marcaron su corazón. "Salí feliz del seminario... dije: 'esto quizás no es para mí'. Discerní mucho y le pregunté mucho a Dios", contó.

Durante el tiempo que estuvo fuera del seminario, José se insertó plenamente en la vida de trabajo y de estudio. Trabajó como pintor, albañil y ayudante de electricidad; se recibió de profesor de Filosofía y estudió casi la totalidad de la carrera de Geografía. Siguió vinculado a sus pasiones, como el fútbol, y servía de manera sencilla en su parroquia y en la capilla de la Virgen de los Dolores. Pero luego, en medio del trabajo y del estudio, recordó que "una compañera me dijo... 'si sos tan feliz, ¿por qué no seguís lo mismo?'", y reconoció que "yo me ponía los 'no'... decía: 'soy muy viejo, soy muy grande'". También mencionó que "el padre Mario (Lezcano) me dijo: 'No respondas vos, que te responda el Señor; andá al Santísimo y que te responda Él'". Entonces, "volví al seminario y fue hermoso... fue como que nunca me fui".

Describe su retorno como algo "hermoso", sintiendo como si "nunca se hubiera ido" y aprovechando al máximo el acompañamiento de sus nuevos formadores. Este segundo proceso lo vivió desde la libertad y el amor de Dios, lo que finalmente lo conduce a su ordenación.

Al recordar cómo fue su camino y su discernimiento, aseguró José que "en las vocaciones, es tomar la mano de Jesús y decir: 'Señor, te sigo... a donde vos digas'", y, por su experiencia, entiende que "la felicidad uno la encuentra ya con Jesús y lo que uno tiene que intentar ser es un buen cristiano".

En el trabajo y la vida cotidiana, como todos, él "en todo iba escuchando cada vez más fuerte la voz de Dios, o sea, en el trabajo, en lo sencillo... la espiritualidad cristiana no está alejada del mundo". Está convencido de que "uno se va preparando desde el trabajo manual para el trabajo espiritual... si uno no tiene ganas de trabajar es difícil hacerse cura; yo creo que tenés que tener muchas ganas de trabajar".

José cree que "no puede uno estar sin tocar la mano de Dios sin antes tocar la mano del hermano".

La familia, raíces de fe

La influencia de la familia y la comunidad fue fundamental en el camino espiritual de José Barrientos, actuando como el terreno donde germinó su fe y el apoyo constante para retomar su vocación.

Él describe a su familia como la primera escuela de vida cristiana, caracterizada por la práctica religiosa compartida y los valores inculcados desde la infancia. Desde los 7 u 8 años, José recordó que asistía con sus padres, Francisco y Cirila, y sus hermanas a la misa dominical en la capilla San José Obrero. Describe a sus padres como personas de mucha oración y lectura bíblica, quienes, a pesar del dolor inicial de su partida, discernieron que el deseo de su hijo era servir a Dios.

Un detalle significativo que contó es que su madre lo consagró a San José Obrero poco después de nacer, un acto que José vincula con su identidad y su nombre. Tanto al ingresar por primera vez como cuando decidió volver al seminario, José contó que "mis viejos me decían: 'Nosotros queremos que vos seas feliz con eso'".

También valora el apoyo de su hermana, que fue "impresionante", expresó; ella siempre supo que él regresaría al seminario y llegó a cuestionarlo directamente: "¿Qué estás esperando para volver?".

Sobre su lema y la confianza en Dios

Para José Barrientos, su lema de ordenación, "El Señor es mi pastor, nada me puede faltar", extraído del Salmo 23, representa una síntesis de su confianza absoluta en la guía y providencia de Dios.

El significado profundo que José le da se fundamenta en cómo siente y vive a Dios, con su acompañamiento constante: "es quien camina a mi lado en todo momento". Destaca que, cuando él tropieza, es el Señor quien lo levanta. Se hace siempre presente a través de los demás; la acción del "pastor" se manifiesta de forma concreta a través de las personas que lo rodean. Considera que nunca camina solo, sino que siempre cuenta con "Cireneos" (ayudantes) a su lado, ya sean su familia, otros sacerdotes o miembros de la comunidad.

Su lema refleja la suficiencia de la gracia en la frase "nada me puede faltar", y no se refiere a bienes materiales, sino a la presencia divina. José afirma que, al estar Dios con él, ya no le falta nada porque cuenta con su gracia.

Este salmo es una fuente de oración constante para él. José menciona que suele repetirlo frecuentemente como una forma de mantenerse conectado con esa realidad espiritual. También refleja su capacidad de asombro y su felicidad en las cosas pequeñas, reconociendo que Dios es quien "acomoda su corazón" y le permite disfrutar de cada momento, desde un mate hasta el trabajo pastoral.

En definitiva, este lema reafirma su convicción de que Dios es el protagonista de su historia y el ancla que sostiene su vida y su ministerio.

 

Cuatro frases que definen el lema de José y que son un regalo para todos los creyentes:

"El Señor es mi pastor, nada me puede faltar... uno no camina solo, siempre hay otro Cireneo al lado de uno".

"Dios siempre es la estrella y siempre hace cosas maravillosas".

"Nada ya me falta porque siempre estás conmigo".

"Uno siente esa palpada de Dios en la espalda que te toca a través del hermano... que te dice: 'Ponele ficha, te quiero'".

 



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