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Con motivo del Octavo Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís, compartimos el saludo de monseñor José Adolfo Larregain dirigido a toda la Familia Franciscana, como una invitación a renovar la mirada sobre el legado y la espiritualidad del Poverello.
A 800 años de su Pascua, el Arzobispo asegura que su testimonio continúa interpelándonos y ofreciendo respuestas a los desafíos de nuestro tiempo: la fraternidad, el cuidado de la casa común, la atención a las nuevas pobrezas y la transmisión de la fe a las nuevas generaciones.
Desde Corrientes, donde el carisma franciscano forma parte de la historia y de la vida de nuestra Iglesia, este mensaje de monseñor Larregain propone celebrar este aniversario no solo como memoria, sino como una oportunidad para renovar el espíritu de Francisco y caminar con esperanza hacia el futuro.
Compartimos el texto completo del saludo:
"Queridos hermanos y hermanas de la Familia Franciscana: celebrar los 800 años del Tránsito de San Francisco de Asís significa mucho más que recordar un acontecimiento ocurrido en la noche del 3 de octubre de 1226. Es volver a contemplar a un hombre que, después de haber buscado apasionadamente al Señor, llegó al final de su vida con el corazón reconciliado, agradecido y abierto al encuentro definitivo con Dios.
Francisco no tuvo miedo de llamar a la muerte “hermana”. La recibió como parte del camino recorrido, como la última peregrinación hacia el Padre. Su vida nos recuerda que quien aprende a vivir desde el Evangelio también aprende a morir en las manos de Dios. Esta celebración nos alcanza especialmente a nosotros, aquí en Corrientes, donde la presencia y el carisma franciscano forma parte de la historia, de la vida pastoral y de la sensibilidad religiosa de nuestro pueblo.
El testimonio de su vida nos confronta con lo esencial e innegociable. En medio de una sociedad acelerada, atravesada por la incertidumbre, la fragmentación, la cultura del descarte y tantas formas de soledad, el Poverello nos vuelve a señalar a Cristo pobre, humilde y crucificado. Nos recuerda que no podemos perder el centro que es Cristo y su Evangelio.
El Seráfico nos invita a mirar nuestro tiempo con ojos nuevos. La fraternidad que él vivió no puede quedar reducida a una memoria entrañable. Se convierte en una respuesta concreta ante las nuevas pobrezas: personas solas, familias heridas, jóvenes que buscan sentido, migrantes, ancianos, quienes viven en condiciones de vulnerabilidad y tantos que necesitan ser escuchados con misericordia.
El presente nos plantea el desafío del cuidado de la casa común. El Pobre de Asís sigue hablándonos de una fraternidad que abraza a toda la creación. En un mundo marcado por la explotación de los recursos, la contaminación y las consecuencias del cambio climático, el “Cántico de las criaturas” conserva una sorprendente actualidad. No se trata solamente de cuidar la naturaleza, sino de recuperar una mirada contemplativa capaz de reconocer que todo lo creado es don y que la vida humana está inseparablemente unida a la casa que habitamos.
Junto con estos desafíos aparece una pregunta decisiva para nuestra Familia Franciscana: ¿qué queremos entregar a las nuevas generaciones? No solamente estructuras, obras o tradiciones, sino una experiencia viva de Jesús, una espiritualidad capaz de tocar el corazón y una fraternidad donde niños, jóvenes, adultos, consagrados y laicos puedan sentirse verdaderamente parte de una misma familia.
El Octavo Centenario puede ser una oportunidad para pasar de una espiritualidad heredada a una espiritualidad renovada; de la conservación a la misión; del individualismo a la fraternidad; de la nostalgia por el pasado a la esperanza del futuro. El Hermano de todos murió alabando al Creador, que también nosotros aprendamos a cantar en medio de las dificultades de nuestro tiempo: agradecer y restituir lo recibido, reconocer con humildad aquello que necesita renovarse y caminar con esperanza hacia lo que Dios todavía quiere realizar entre nosotros.
Que la Virgen de Itatí, Madre y Peregrina de esperanza, acompañe a toda la Familia Franciscana de Corrientes. Que San Francisco nos enseñe a vivir el Evangelio con alegría, sencillez y fraternidad, para que, cuando llegue nuestro propio tránsito, podamos también decir con confianza: “Bienvenida, hermana muerte”, porque sabemos en quién hemos puesto nuestra esperanza.
Los abrazo en la oración. ¡Viva san Francisco!"
CORRIENTES 3 de octubre de 2026
Fray José Adolfo Larregain OFM
NOTA: A la derecha de la página, en Archivos, el texto en PDF como: Saludo - Pasar de esta vida a la Vida