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HOMILÍA POR EL DÍA DEL SERVICIO PENITENCIARIO

“Custodiar sin deshumanizar, poner límites sin perder la misericordia, ejercer la autoridad sin olvidar la dignidad”

En el marco de un Nuevo Aniversario, monseñor José Adolfo Larregain celebró ayer la Santa Misa en Acción de Gracias, en el Santuario de Nuestra Señora de la Merced.

El Arzobispo valoró la vocación de servicio, y centró su mensaje en la dignidad humana, la perseverancia y la esperanza.

Al hablar de la misión, monseñor Larregain dijo que ésta, “muchas veces se realiza en silencio, con esfuerzo, responsabilidad y también con grandes desafíos” y pidió orientar el servicio en la búsqueda de la dignidad humana, señalando que “detrás de cada función, de cada uniforme y de cada norma, hay una persona humana.”

El Arzobispo pidió “custodiar sin deshumanizar, poner límites sin perder la misericordia, ejercer la autoridad sin olvidar la dignidad”, aseguró que la “perseverancia es también una forma de esperanza”. Valoró la premisa de ofrecer siempre una nueva oportunidad, “una institución penitenciaria […] puede convertirse en un espacio donde una persona tenga la posibilidad de reconocer sus errores, asumir responsabilidades y comenzar un camino nuevo.”

Como mensaje final, pidió “seguir llamando, buscando y construyendo caminos de justicia, paz y verdadera dignidad.”

 

 

Compartimos el texto completo de su homilía:

 

“Queridos hermanos y hermanas; autoridades, agentes, personal del Servicio

Penitenciario, familiares y miembros de la Pastoral carcelaria: hoy nos reunimos para

celebrar y agradecer a Dios por el don de la vida, por la vocación de servicio y,

particularmente, por quienes desempeñan su tarea dentro del Servicio Penitenciario. Es

una ocasión para reconocer una misión que muchas veces se realiza en silencio, con

esfuerzo, responsabilidad y también con grandes desafíos.

La Palabra de Dios que hoy escuchamos nos ofrece dos claves muy importantes para

iluminar esta misión.

San Pablo, en la Carta a los Gálatas, se dirige con firmeza a una comunidad que había

comenzado su camino de fe con entusiasmo, pero que corría el riesgo de apartarse de lo

esencial. Les pregunta: “¿Tan insensatos son? ¡Habiendo comenzado por el Espíritu,

van a terminar ahora por la carne!”. Es una invitación a no olvidar de dónde viene

nuestra fuerza y cuál es el verdadero fundamento de nuestra tarea.

También quienes trabajan en el Servicio Penitenciario necesitan recordar que, detrás de

cada función, de cada uniforme y de cada norma, hay una persona humana. La

seguridad, el orden y el cumplimiento de la ley son indispensables, pero nunca pueden

hacernos perder de vista la dignidad de cada ser humano, incluso de aquel que ha

cometido un delito y se encuentra privado de su libertad.

La segunda lectura, tomada del Evangelio de Lucas, nos presenta a Jesús enseñando a

sus discípulos a perseverar en la oración: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán;

llamen y se les abrirá”. Estas palabras tienen una resonancia especial para quienes

desempeñan una tarea que exige paciencia, fortaleza y perseverancia.

Hay días en los que los resultados no se ven inmediatamente. Hay situaciones difíciles,

conflictos, cansancio, incomprensiones y momentos en los que puede parecer que el

esfuerzo no alcanza. Jesús nos recuerda que no debemos dejar de llamar, buscar y pedir.

La perseverancia es también una forma de esperanza.

Quizás esta sea una de las grandes tareas del Servicio Penitenciario: custodiar sin

deshumanizar, poner límites sin perder la misericordia, ejercer la autoridad sin olvidar la

dignidad y acompañar procesos que permitan recuperar la esperanza.

Una institución penitenciaria no custodia solamente cuerpos; también puede convertirse

en un espacio donde una persona tenga la posibilidad de reconocer sus errores, asumir

responsabilidades y comenzar un camino nuevo. Para ello hacen falta normas y

autoridad, pero también humanidad, escucha y esperanza.

Hoy damos gracias por todos aquellos que cumplen esta misión. Recordamos

especialmente a quienes han perdido la vida en el cumplimiento de su deber, a sus

familias y a quienes atraviesan situaciones difíciles. Pedimos también por cada persona

privada de su libertad y por sus familias, para que nunca falte la posibilidad de una vida

nueva.

Que Dios conceda a quienes integran el Servicio Penitenciario sabiduría para decidir,

fortaleza para afrontar las dificultades, prudencia para ejercer la autoridad y un corazón

capaz de reconocer siempre al ser humano que tienen delante.

Que María, Madre de la Esperanza y de la Merced, acompañe a cada agente y a cada

familia, para que, sostenidos por la fe, puedan seguir llamando, buscando y

construyendo caminos de justicia, paz y verdadera dignidad. Amén.”

 

† Mons. José Adolfo Larregain ofm

 

NOTA: A la derecha de la página, en Archivos, el texto completo en PDF como: Homilía Servicio Penitenciario 2026